Demanda y oferta

La gran mayoría de los usuarios de Internet están en contra de la famosa “Ley Sinde”, ley que cierra muchas páginas webs sin garantia judicial. Tanto el partido político PSOE como el PP integran en sus programas electorales el apoyo a esta ley. El único partido que está en contra de dicha ley y lo refleja en su programa electoral es Izquierda Unida.

 Enumeraré algunos puntos acerca de temas en los que el PSOE está a favor y el PP en su gran mayoría también: Energía nuclear (mantener abierta la central de Cofrades, a favor PSOE y PP), rescatar a los banqueros (pagar miles de euros a la banca privada, a favor PSOE y PP), reforma laboral (abaratar y facilitar el despido subvencionado con fondos públicos, a favor PSOE), recortar las pensiones (congelar las pensiones y alargar la edad de jubilación a los 67 años, PSOE a favor), Ley Sinde (cerrar webs sin garantía judicial, a favor PSOE y PP) y apoyo a la guerra (intervención en Libia y Afganistán, a favor PP y PSOE).

 Izquierda Unida está en contra de todos los puntos mencionados anteriormente, lo refleja en su programa electoral. Referente a la práctica la Ley Sinde es una ley que ha generado muchas ampollas, tanto que se ha creado un colectivo llamado “no les votes”, por lo que EU cubre dicha necesidad de este colectivo al reflejar en su programa electoral la negativa hacia esta ley.  

Casandra CM

Políticas sociales y crisis: La educación pública en Denia

En plena campaña política, donde todos los partidos apuran hasta límites discutibles y con fondos bastante desorbitados la campaña electoral para así intentar apropiarse de esos últimos votantes indecisos -mediante eslóganes publicitarios claros, concisos e ingeniosos que infestan nuestras ciudades y pueblos-, las propuestas suenan como un eco de fondo, como un música encubierta y abrumada por el marqueting del simbolismo político, donde la labia, el desprestigio de los rivales, junto a la estudiada capacidad de conectar con la población (“centrados en ti”, “por ti”… etc…) prevalecen sobre las propuestas o políticas para intentar enmendar la coyuntura actual; pero sin duda sobre las iniciativas de carácter social, que siempre son menos llamativas y magnánimas.

A todo ello me refiero cuando en mi pueblo natal, Denia, la falta de un tercer centro de educación secundaria y bachillerato digno (precisamente denominado el Tercer Institut), debido a la creciente demanda de plazas en los centros de Educación Secundaria obligatoria propiciada por el importante aumento demográfico experimentado en los últimos años, ha llevado a la construcción de un instituto provisional formado íntegramente por barracones superpuestos en tres niveles, situado en una zona bastante precaria (donde resta anexa una propiedad privada con animales de granja), así como el descontento imperante tanto en los alumnos como en el profesorado.

En septiembre de 2007, después de años con una situación alarmante en la que las cuotas de alumnado en los dos institutos hábiles hasta esa fecha casi duplicaban su capacidad máxima (en el IES Historiador Chabás se llegó a albergar a más de 1300 alumnos, cuando su construcción se estipuló para unos 700 como límite), empezó en este instituto provisional el que iba a ser uno de los pocos años, en principio, de vida útil del mismo. En mayo de 2011, en el solar en el que se preveía construir el instituto definitivo que albergaría a estos estudiantes, las malas hierbas siguen dominando el terreno; sólo las mejores previsiones sitúan 2013 el año en que definitivamente se verá terminada la construcción de este edificio.

Todos somos libres de participar en las elecciones y votar al partido que mejor represente nuestros intereses, no hay duda alguna, y así lo plasma el artículo 23 de nuestra Constitución. Aún así, debemos ser críticos y activos en nuestra participación política para poder descubrir las necesidades más básicas de nuestra región o ciudad, así como desenmarañar estos atractivos carteles, ver más allá de ellos, y descubrir las diferentes perspectivas desde las que se enfocan los problemas, deficiencias o necesidades de la población.

Antes de empezar con un análisis de las propuestas de varios partidos respecto al tema en esta y la anterior campaña electoral, parece conveniente destacar como esta crisis económica financiera, una vez más, ha provocado recortes en los servicios más básicos, como la sanidad y la educación. En el segundo de los casos, a pesar del creciente (cada año) número de estudiantes y la precariedad de este centro provisional, se han mantenido el mismo número de grupos en la ESO, saturando hasta el límite de 40 alumnos por clase (recordemos que en aulas prefabricadas), cuando la normativa deja claro que 30 es el límite máximo permitido; además de reducir la plantilla de profesorado de 40 a 37 profesionales, reduciendo -obviamente- la calidad de la enseñanza.

Propuestas electorales:

PP de Denia: El Partido Popular ostenta la alcaldía desde 2008 tras una moción de censura y un caso de transfuguismo del partido que ganó las elecciones, el PSPV. Dejando de lado estos embrollos que no traen nada nuevo a la ya viciada democracia española, sí que detenta más interés en nuestro tema comentar las propuestas que este partido ha sugerido en temas de educación. Después de buscar en su blog y no encontrar en sus más de 50 temas publicados la etiqueta “Educación”, o “Institutos”, seguí buscando y encontré por fin el programa electoral actual, donde en última instancia aparece: “Reivindicación a la consellería de educación para la creación del Tercer Institut” así como las ampliaciones de los otros centros. Lo que no cuentan es que no se sabe ninguna fecha específica para la consecución del mismo, cuando tras años de presión pública, se llegó a un acuerdo con la concejalía el pasado mes de abril, negada en rotundo durante demasiados años a asumir el coste de 9.6 millones de euros a pesar de haberse aprobado la concesión de la parcela en 2007. Ahora bien, el plazo de ejecución del proyecto es de 18 meses desde su aprovación, por lo que parece que tendremos que esperar para gozar de una educación pública decente.

Pero independientemente de la alusión que hagan a la situación económica (que ha afectado, no hay duda), parece preocupante que ante la demora que ha sufrido un proyecto básico para la calidad de vida de los ciudadanos, los proyectos que encabecen la lista de propuestas del PP de Denia sean “invertir” 9.5 millones en un auditorio en plena zona turística (“Denia lo necesita” proponen), otros tantos en el “embellecimiento” de las 2 principales avenidas comerciales de la ciudad y la creación de un centro comercial en, obviamente, la zona costera y turística.

Curiosa” parece una de sus propuestas de mantener (sí sí, mantener) las becas para libros y comedores escolares a familias necesitadas, así como el centro de educación infantil público La Escoleta. Ellos entienden de prioridades.

PSPV: El PSPV fue la fuerza política que impulsó la creación del Tercer institut antes de la moción de censura, así como la creación del ya mencionado centro de educación infantil La Escoleta, en sus principales propuestas encontramos alusiones a la situación de necesidad extrema en el ámbito educativo, pues se remarca la necesidad de un nuevo instituto y un nuevo edificio para la UNED, pero encontramos en su discurso una cierta preponderancia en las políticas de atracción turística -como la creación de una Concejalía de Turismo- y ayuda al sector privado, tanto hostelero como pequeñas y medianas empresas.

EU: Esquerra Unida (Izquierda Unida) prefiere, por el contrario, centrar sus propuestas (a veces excesivamente programáticas) en políticas sociales, ayudas a los más necesitados, la promoción el sector público, etc… Aún así, si que vemos cierta acción en el tema que nos compete. Así pues, EU ha sido participe en la creación de la “Plataforma per l’ensenyament públic a la Marina Alta”, en la que participan asociaciones de padres, sindicatos, trabajadores y ciudadanos por una mayor y mejor enseñanza pública, potenciándola y e intentando limitar las ventajas económicas de las que disponen los centros concertados. Además, no sólo promueve la resolución del interminable problema con el Tercer Institut, sino que predica la total desaparición de los barracones en los restantes institutos, estampa habitual en ellos (desde 1998 ininterrumpidamente en el IES María Ibars)

Finalmente, me gustaría destacar lo difícil que resulta el tratar temas políticos y no mostrar cierta inclinación o parcialidad. Pero, aún así, es importante distanciar y no olvidar dos conceptos muy importantes en la actuación política, que muchas (demasiadas veces) se confunden o obvian: corregir las necesidades sociales básicas que genera el propio sistema capitalista (pues polariza las diferencias sociales y económicas entre la población) y la “donación” de guindas que adornan partes turísticas de las ciudades, enriqueciendo a unos pocos grandes empresarios a cambio de trabajos precarios y/o temporales del siempre castigado trabajador.

Ideas cambiantes, ideas traidoras.

No, no vamos a meternos con el PP.

Vamos a abordar la cuestión de hoy desde la siguiente perspectiva: Sabemos que las ideas no siempre son tan permanentes como quisiéramos. Todos hemos pensado alguna vez algo para, un rato después, no tener ni idea de qué iba el asunto. Para evitar este problema derivado de la falible memoria humana, muchas personas se acuestan con un block de notas en la mesita de noche, y no salen de casa sin algo para apuntar. ¡Quién sabe cuándo podría surgir la Gran Idea!

Queda claro, pues, el concepto: fijar las ideas sobre un soporte las protege del olvido que tan frecuentemente asola nuestras mentes. La plasmación de esta idea en la vida política se corresponde con los programas electorales. Son una forma de explicitar las propuestas a defender de forma que no se les olviden ni a los propios partidos ni, por supuesto, a los electores.

La cuestión es que, con el paso del tiempo, puede volverse un arma de doble filo. Cuando una de las virtudes que uno defiende para sí y para su partido es la coherencia o una cierta continuidad ideológica, las contradicciones manifiestas en este sentido producen cierta quemazón, al no poder justificarse ni explicarse realmente -y menos en ese lenguaje peculiar del mundo político-. De esto, pondremos un ejemplo.

El partido UPyD (nada contra ellos particularmente, es sólo un ejemplo) manifestaba en las redes sociales, de cara a las autonómicas, su rechazo al copago de sanidad:

UPyD sobre el copago, 9 de Abril.

Esto, que en principio parece bien, no tardó en revelar cierta inconsistencia. Concretamente con el programa [PDF] de elecciones generales del 2008, en el que podíamos encontrar lo siguiente:

Copago: párrafo 2.

Curioso es el debate que generó, también en las redes sociales, que no reproduciré pues es algo confuso de reconstruir. Finalmente, pienso, se llegó a la siguiente conclusión (Gorriarán es miembro del Consejo de Dirección de UPyD) :

Aclarado... ¡supongo!

Sirva esto, no forzosamente para desprestigiar a nadie, sino para presentar brevemente la idea de que unas palabras escritas y olvidadas siempre pueden regresar y, en ese momento, volverse un fastidio. No siempre se consigue armonizar lingüísticamente la cuestión, y cuando ese momento llega, queda asumir el cambio ideológico, o mentir como bellacos.

¿Qué opción escogeríais?

Fuentes:

Blog de Gorriarán.

Blog de Álex Casanova.

Blog de Rebeca Ruíz.

Noticia sobre el dichoso copago.

Determinismo

Facilito el enlace a la noticia más abajo para todo aquél que quiera leerla entera. Pero lo que viene a decir es que una persona que está a la espera de una sentencia en un juzgado tiene más posibilidades de una sentencia favorable si ésta se dicta a primera hora de la mañana o directamente a continuación del almuerzo.

Casi resulta innecesario tener que explicar la relación con Determinismo pues se ve con tan sólo leerlo, pero para que no haya duda alguna lo explicaremos.

Según wikipedia y apuntes tomados en clase, determinismo viene a ser esto:         “[…]doctrina filosófica que sostiene que todo acontecimiento físico, incluyendo el pensamiento y acciones humanas, están casualmente determinados por la irrompible cadena causa-consecuencia.”

Relacionemos:

Acción humana: sentenciar a un presunto culpable.

Causalmente determinada por la hora del día en que esta acción se lleve acabo, pues será favorable cuando estas personas encargadas de impartir justicia estén más descansadas o después de almorzar y más desfavorables cuando dichas personas estén cansadas o tengan hambre.

Fuente: http://www.muyinteresante.es/la-hora-a-la-que-se-celebra-un-juicio-puede-afectar-a-la-sentencia/

Fuente para escépticos: http://www.pnas.org/content/early/2011/03/29/1018033108.abstract?sid=dc059d2c-7284-4d45-994d-e7acf35355d3

Igualdad y pluralismo: vertebrando el Estado.

La tarea de hoy consistirá en  una breve reflexión sobre uno de los aspectos de una conferencia de Francisco RUBIO LLORENTE que podéis encontrar aquí. Concretamente, reduciremos nuestro campo de análisis a la relación entre los conceptos de igualdad y pluralismo, conectándolos a su vez con la vida política de los Estados modernos.

En una primera aproximación, cabe recordar qué significan -muy someramente- la igualdad y el pluralismo.

 

No más, no menos: igual.

Primer acercamiento.

Igualdad es una idea compleja, con muy distintos enfoques, algunos más jurídicos y otros más filosóficos, sociológicos… A nosotros nos interesa resaltar dos facetas, una primera faceta jurídica, que alude a la igualdad en y ante la ley, esto es, la imposibilidad de tratar de forma diferenciada aquello que no es, de hecho, diferente (o suficientemente diferente). Pero diferente de qué o de quién, cabría preguntarse; aquí es donde entra el segundo factor que nos interesa, que es el carácter relacional del concepto, es decir, su inexistencia si no es por vía de comparación. Y es que la igualdad no es concebible por sí sola, carece de esencia, de autonomía, uno no es igualdad sino en función de otro que se encuentra en su misma situación y con quien cabe, por tanto, compararse y esperar idéntico trato.

Pluralismo, por otra parte, es un concepto que necesariamente alude a otro: la diversidad. Sólo es concebible el pluralismo donde hay divergencia, donde hay variedades que defender, donde es necesario concebir el todo como suma de partes no idénticas. Podemos hablar de todo tipo de pluralismos, el político, el ideológico, el étnico-cultural, de intereses económicos, de instituciones… pero en última instancia estamos hablando siempre de lo mismo. Pluralismo es la expresión de una multiplicidad de elementos de dinámicas diferentes que conforman el magma de una entidad más amplia.

De estas dos aproximaciones es relativamente sencillo extraer un vínculo entre ambos conceptos, es más, ha sido particularmente difícil hablar de pluralismo sin hablar de igualdad, y de igualdad sin tocar el pluralismo, pero ambos son conceptos en estrechísima relación, pues son interdependientes. El pluralismo en los Estados Constitucionales modernos es justamente una expresión de diversidad que nos redirige expresa o tácitamente a la obligación de observar la misma desde un paradigma de igualdad. La igualdad por su parte, como ya hemos dicho, es un concepto relacional particularmente interesante en aplicación a lo que aparentemente es variado y diverso: plural. Así, podemos llegar a la conclusión de que sin igualdad, el pluralismo sólo es una constatación “fáctica” que abre la puerta a la discriminación (<<Él y yo somos diferentes, y yo tengo más derechos como es evidente.>>), y de la misma manera, en ausencia de pluralismo, la igualdad es una idea inútil, tautológica (<<Él y yo somos idénticos ergo somos iguales.>>).

Malos hábitos.

La igualdad y el pluralismo en los Estados modernos.

Ya aludíamos antes la clara imbricación de ambos principios en los Estados Constitucionales, y es que es bien claro que cualquier intento de constitucionalismo carente de ellos por los tiempos que corren sería absolutamente inconcebible. Pero lo cierto es que aparte de motivaciones morales o jurídicas, hay una realidad social detrás de todo esto, que es el carácter multifacético (multicultural) de los Estados, cuya existencia como unidad es simplemente una ficción conceptual, un axioma ideológico, una declaración de voluntad, un acuerdo de mínimos, un acto de poder incluso podríamos pensar, pero no un estado de las cosas. Se conocen escasísimos ejemplos donde se haya producido identidad entre Estado y cultura, y sencillamente no son de aplicación cuando pensamos en aquello que supone la pauta en nuestros días. Lo usual es que, a poco que busquemos, lleguemos a contar por decenas -siendo rácanos- las culturas y, en jerga antropológica, “mundos simbólicos” presentes en un territorio como el de España, China o Argelia. Si a esta multiplicidad le añadimos las multiplicidades institucionales, económicas o políticas nos hacemos una idea mucho más clara de la fragilidad de <<Un estado, una Nación>>.

Señalado el carácter ineludiblemente plural de los Estados modernos no nos queda otra opción que integrar la idea de igualdad como factor cohesionador de diversidades que no necesariamente serían fáciles de aliar. La igualdad actúa aquí no sólo como principio político de gestión de la vida pública, sino también como ideología que acepta un sustrato común a todos los ciudadanos bajo el manto de un determinado Estado, un mínimo común denominador que los hermana (bien ambiciosas palabras estas). Esto es un requisito indispensable para generar una supraidentidad que sea capaz de superar, o al menos abarcar, la diversidad de microidentidades como la etnia, la religión, la nacionalidad (en el sentido de “nación catalana” por ejemplo…) y permitir cierta cohesión y estabilidad social.

No obstante no podemos olvidar que cualquiera de estos factores puede actuar como un arma de doble filo y, cuando el Estado comienza a fallar en su labor de cohesión, cuando llegan tiempos de dificultad económica y demás suelen regresar las identidades originarias, hasta el momento en cierta manera soslayadas o no tan manifestadas. Ante la debilidad el individuo se repliega en el grupo que más seguridad le proporciona, el que más concuerda con sus ideales y valores, y este suele ser le colectivo más próximo y reducido. En este contexto contemplamos fácilmente un auge de, por ejemplo, partidos políticos de corte nacionalista que apelan a la diversidad y a la identidad (en el sentido contrario a lo que anteriormente he expuesto) así como a la idea de nación como axiomas generadores de identidad de grupo por medio -expresa o tácitamente- de la exclusión de un tercero “diferente”, “extraño”, “que no es de los nuestros”, con todas las consecuencias que ello suele aportar.

Libertad política y libertad individual: sistema representativo actual

“El objetivo de los antiguos era el reparto del poder social entre todos los ciudadanos de una misma patria; a eso era a lo que llamaban libertad. El objetivo de los modernos es la seguridad en los disfrutes privados, y llaman libertad a las garantías concebidas por las instituciones a estos disfrutes” Bejamin Constant

En este artículo trataremos y analizaremos las ideas más relevantes que hemos podido extraer de la conferencia trascrita de Benjamin Constant: “De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos” (s. XIX)

Básicamente la idea fundamental del texto se orienta hacia el análisis de la historia socio-económica de dos sociedades temporalmente muy divergentes (Grecia clásica y la Europa del S. XIX), y la comparación -en base a las diferencias históricas- de los tipos y formas en las que la libertad se concebía y se ejercía, para así proponer un sistema social que pueda aunar ambos tipos de libertad. Pero vayamos por partes…

Para los antiguos griegos, la libertad era concebida como la capacidad -y obligación (algo contradictorio con el concepto de libertad, ciertamente) “moral”- de participar en la vida pública y de los cometidos políticos. Cada ciudadano ejercía la soberanía que se le asignaba mediante su participación directa en los asuntos de la Polis. Por lo tanto nos encontramos con un tipo de participación política directa y colectiva: nos encontramos ante el primer caso de democracia asamblearia. Además de esta libertad política colectiva,  en función a criterios de utilidad sistémica, propugnaban la limitación de la independencia individual: “la sujeción de la existencia individual al cuerpo colectivo“, cuyos objetivos como sistema eran más relevantes que los de sus elementos. La libertad de opinión,  de industria o de culto estaba así subordinada al colectivo general, a la Polis; los criterios personales estaban subordinados a los colectivos.

Constant, en su conferencia, explica y sistematiza las causas por las que esta libertad política colectiva se reorientó hacia una libertad más negativa, más individual, con la aparición de los Estados modernos -como explicaremos a continuación. Y empieza contextualizando las diferencias socio-económicas de ambas sociedades para reforzar su razonamiento:

– En la antigua Grecia encontramos, para Constant, 3 factores que condicionaron el enaltecimiento de la libertad política frente a la individual. Estos fueron: la extensión de las ciudades-Estado (Polis), la esclavitud y la guerra frente al comercio. En cuanto a la extensión de las Polis, no asombra decir que su tamaño era exiguo si lo comparamos con los Estados actuales, lo que degenera en: una inseguridad mayor ante invasiones enemigas y una relevancia política muy discorde a la actual -pues la influencia personal en la voluntad general de una Polis de 10.000 ciudadanos no es equiparable a los 35.000.000 votantes españoles actuales (el ciudadano se diluye en la inmensidad). En segundo lugar, la esclavitud y su trabajo extenuante garantizaban un tiempo ocioso útil a los ciudadanos -se sobrentiende su no implicación en este tipo de trabajos- para poder interesarse y participar activamente en la vida pública. Y finalmente, la guerra como ocupación primordial -derivada de las extensiones tan reducidas de las Polis- propiciaba igualmente a los griegos tiempo sobrante (no es una actividad constante en el tiempo) para participar en los menesteres públicos; en contra, el comercio -oficio típico de sociedades más complejas- absorbe todos los períodos ociosos de los individuos, además de desear una autonomía  progresiva frente a la acción grupal y estatal. Destacar que el comercio se vio favorecido por la expansión de los entes colectivos (imperios, Estados) debido a la seguridad que proporcionaban estos “macroentes” ante conflictos externos (entendiendo que los conflictos armados estaban mucho más “alejados” de la esfera privada de los ciudadanos). Por lo tanto, la mayor extensión de los Estados, la abolición de la esclavitud y el progreso del comercio devendrán 3 factores importantes en el paso hacia otro tipo de concepción de la libertad, según Constant.

Teniendo en cuenta lo anterior, no poder (o querer) participar de ese modo tan activo y continuo en el poder colectivo, la libertad de los modernos se ha reorientado hacia el “disfrute apacible de la independencia privada (…) absorbidos por la búsqueda de nuestros intereses particulares“: hacia la libertad individual. Esta libertad, por si misma, se considera una libertad negativa (dejar hacer, dejar pasar), dónde los individuos gozan de autonomía propia respecto y frente al Estado.

A pesar de ello, Constant propone (a diferencia de intelectuales como Rousseau o Montesquieu, que defendían la vuelta a la subordinación del individuo al conjunto y/o autoridad estatal por fundamentos utilitaristas y contractualistas) la armonización entre ambas libertades: la política (global) y la individual (negativa). Fundamentalmente propone la participación pública de los ciudadanos en la política mediante el sistema de poder otorgado a representantes de los individuos: el sistema representativo. Con este sistema -lógico si entendemos el cambio demográfico entre ambos entes (la Polis y el Estado)-, los ciudadanos pueden y deben participar activamente en la elección y control de los depositarios del poder (representantes) para, entre otras cosas (como influenciar en la orientación política), garantizar los derechos negativos como la libertad. Si mediante este control de los representantes se consigue dicha garantía, los derechos pasarán a ser derechos positivos, garantizados, pasando el Estado a ser un “protector” de dichos derechos. Pero, de nuevo, para ello es imprescindible la participación en la política, en la esfera pública, de los ciudadanos.

Este texto ha surgido de la puesta en común de todos los componentes del blog: Dyango, Cassandra y Pablo

14 de Abril, Día de la República

La ceguera globalizada

Este artículo está basado en el texto “El poder invisible” de Manuel Menéndez, al cuál someteremos a un comentario subjetivo y específico, además de sintetizar las ideas más relevantes no tratadas en este blog por los otros editores (arduo cometido) y contextualizarlas en la manera de lo posible, de un modo epistemológico.

Antes de abarcar dicho estudio, debemos destacar el pilar central sobre el cual el autor construye su reflexión: la inexistencia de una correlación directa entre el aumento ingente de la información disponible –principalmente por medios visuales– y el conocimiento de la realidad; esto es debido a que “ver no es lo mismo que comprender“, ya que “los signos son más difíciles de interpretar y tras las apariencias se abre una fosa indescifrable donde se ocultan los verdaderos significados de las cosas“. O interpretándolo a la inversa, “la profusión de imágenes y palabras saturan con una masa indiferenciada de hechos brutos, mediante una superficie  espesa sobre un fondo indiferenciado que desorienta“. Recapitulando: recibimos mucha información, sí, pero banal y superficial, muy lejana del mundo complejo y sistémico causante de la realidad social global.

Teniendo en cuenta esta premisa general y básica, el autor toma un rumbo directo hacia una serie de puntos que, a mi entender, son claves e importantes consecuencias de esa idea nuclear:

El hiperblindaje del sistema difuso

Nos encontramos en un mundo globalizado, sistémicamente complejo, en el que el poder -y por lo tanto las responsabilidades- muere en un océano libre de una visión de acciones y efectos causales. Y esto es debido a que la interpretación de la realidad ya no responde a signos visibles y evidentes: el poder reside en “conglomerados anónimos que tienen una localización incierta, que escapan a las obligaciones del control político y no han de dar cuentas ante ningún electorado“, y no ya en sujetos o entes concretos, sino en la interrelación entre todos estos sujetos de poder (interdependientes los unos de los otros). ¿Y que efecto tiene esto en la sociedad? Uno de ellos es tan claro como terrorífico: la degeneración de la protesta. Y esto es debido a que, siendo actualmente tan extremadamente complejo entender la realidad social, las protestas derivarán a manifestaciones inarticuladas, volátiles y cuyo objeto de protesta será nunca menos que arbitrario y por lo tanto, (parcialmente) incorrecto: “El nuevo protestantismo consiste, a mi juicio, en que hace por un momento soportable la creciente incomprensibilidad del mundo (…). Muchas protestas son, en el fondo erupciones de autoafirmación (…). El contexto en el que ha de situarse la protesta es un mundo en el que es difícil establecer conexiones causales“, por lo que “es arbitrario el destinatario” de las protestas, convertidas así en “protestas virtuales”. Esto tiene una repercusión terrible; pues mientras nosotros nos dirigimos inconscientemente hacia objetivos superficiales y tangibles tachados en principio como culpables de la situación social (como la migración ilegal, el terrorismo, etc…) por su “materialidad” y proximidad, nos alejamos progresivamente del verdadero origen del problema: el propio sistema globalizado y multipolar (y por ello el difuso), y sus mecanismos aleatorios y circulares que asignan consciente o inconscientemente “chivos expiatorios” que aseguran su mantenimiento.

El poder del sistema; el poder de sus elementos; el poder de la democracia

Ante esta realidad difusa y multipolar, ni siquiera los Estados como entes independientes o las coaliciones entre Estados quedan resguardados. También ellos sufren problemas en la interpretación de las toneladas de datos que recopilan anualmente; pues así es como, siempre teniendo en cuenta la “importancia” de la defensa del país, se justifican las entidades nacionales o supranacionales de inteligencia. Pues ni los altos mandos mundiales escapan a la polarización del mundo, ni a los látigos ambiciosos que el sistema financiero mundial extiende por el mundo (no hay más que ver la magnitud del “rescate a los bancos” que generaron la crisis y el desajuste mundial que produjeron), entre otros; lo que no hace si no justificar la desconcentración del poder en múltiples núcleos interdependientes, aunque no por ello en constante relación.

Y, ¿dónde queda la democracia en todo esto, os preguntareis? ¿Qué papel tiene un mísero ciudadano de a pie en un mundo tan complejo e ininterpretable? Básicamente, ninguno. Vivimos en un mundo en el que todo ser humano sueña con el futuro, deseoso de una estabilidad cada día más anecdótica o idílica; en un mundo dónde todos nos consideramos poseedores de un poder personal que deambula en un universo tan grande que ni se percata de nuestra presencia. Pues ¿cómo va a existir algo de estabilidad en el poder localizado si el mundo está tan polarizado y entramado?; ¿que fuerza tiene cualquiera de estos núcleos de poder por si sólo si navega entre fuerzas tan dispares y poderosas que son capaces de destruirlos, asegurando paradójicamente el propio sistema?

Sencillamente, nos encontramos en un entramado circular, autorregulable a expensas de sus elementos como partes individuales, que a su vez, necesarias para el funcionamiento de esta maquinaria poderosamente invisible. Somos piezas sin importancia que aseguramos el mañana de este juego.

Reflexiones sobre el poder en la “era visual”.

 

¿Información?

En el texto de hoy abordaremos la tarea ciertamente un tanto subjetiva -casi arbitraria- de seleccionar tres fragmentos del Capítulo X “El poder invisible” del libro Sobre el Poder de MENÉNDEZ, M.(2007). Una vez seleccionados y citados, se tratará de construir una breve reflexión al respecto.

1-Ceguera por saturación.

“Los medios de comunicación suscitan una familiaridad y proximidad con las cosas y las personas, pero no permiten ver la otra cara de la realidad: su manufactura, su carácter de mediación construida, su superficialidad. La visibilidad y transparencia de los medios producen una ceguera específica: la profusión de imágenes y palabras saturan con una masa indiferenciada de hechos brutos…”

Este es sin duda uno de los efectos más singulares a la par que perniciosos de nuestro tiempo, pues ataca directamente a un aspecto fundamental para la libertad individual y el funcionamiento de la democracia: el espíritu crítico. Apabullados por la inmediatez y crudeza de la realidad presentada se realiza al mismo tiempo un pacto de fe. El ciudadano convertido en espectador ha de asumir (y asume) que aquello que se le presenta es efectivamente cierto, porque de ello depende la integridad de su conocimiento sobre la realidad. Mantener un cierto escepticismo o criticismo se torna tanto más difícil cuantos más medios lo bombardean a uno con información similar, puesto que si uno rehusa aceptar aquello que aportan unos, debe necesariamente aplicar la misma vara de medir a los demás. ¿Qué queda entonces de cierto? Poco más que la incertidumbre.

Y puesto que la incertidumbre es la carga cotidiana en una buena parte de las sociedades occidentales, y que supone uno de los elementos más difíciles de aceptar para el ser humano, que ríe ante el principio socrático de “sólo se que no se nada”, para rehuir la ansiedad que produce la falta de referentes y verdades absolutas el pueblo se rinde tácitamente a la servidumbre de la fe. Una fe que, se supone, es más cercana a la realidad en términos de probabilidad, pero que en última instancia acaba siendo fe.

El problema esencial no es, sin embargo, la aceptación de la información como generalmente válida. El problema reside en una doble vertiente: la de vendarse los ojos y aceptar lo que viene como dogma, y por otro lado la carencia de objetividad -e incluso la posible manipulación- que realizan cotidianamente los medios de comunicación, insuflando ideas a diestro y siniestro, que les han sido insufladas, en ocasiones, por quienes están por encima en la escala del poder.

La prensa encarna un papel de intermediario: entre lo real y el individuo, y entre el poder y los ciudadanos. El peligro esencial consiste en olvidar lo que significa que algo nos llegue “mediado”.

 

2-Protestas anónimas y poder invisible.

“Los poderes mismos son invisibles, inimputables […]. Esta invisibilidad se debe a que la interdependencia sistémica de los actores en la economía, la política, la ciencia o el derecho se caracteriza por una ausencia de causas y responsabilidades identificables. Globalización significa en este contexto que todo lo hacemos entre todos…”

¿Y qué ocurre si la mediación se vuelve tan exagerada que el principio de causalidad se diluye del todo? ¿Qué ocurre si las interinfluencias entre unos actores y otros genera una red en la que una perturbación en un punto se transmite de una manera u otra a los demás puntos?

Otro factor que alimenta la incertidumbre de hoy es que es muy difícil saber quién ha hecho qué, y hasta qué punto le es exigible responsabilidad por determinados actos o acontecimientos.En primer lugar encontrar a quién responsabilizar es ya ardua tarea, y después hallarse en posición de exigirle responsabilidades no es cuestión baladí tampoco.

Así pues, otro de los factores que se diluye es “el enemigo”, algo que siempre ha estado presente en la conciencia humana y que simplificaba mucho las cosas cuando era claramente identificable. Cuando esa certeza también desaparece, encontramos de nuevo la incertidumbre, la percepción de que una mano invisible lo aplasta a uno, pero que es imposible agarrar el brazo ejecutor. No parece casual que cuando los tiempos se vuelven difíciles, y por tanto cuando más necesario es buscar responsables de las penurias, entren en auge multitud de ideologías radicales e intolerantes tendentes a aportar, precisamente, la identificación de un “otro” como responsable de todo mal. En definitiva, un enemigo común. Una vez más, se hace pacto de fe.

Curiosamente últimamente asistimos a la contraofensiva: contra un enemigo diluido, se reivindican colectivos insondables, que reivindican el anonimato en persecución de unos determinados ideales. Una representación simbólica y despersonalizada de la voluntad popular (o de un sector de la misma) más allá de las caras. El combate del fuego contra el fuego, lo insondable contra lo anónimo, el interés contra el ideal. Sin duda nos esperan tiempos interesantes.

 

3-Agente 007.

“…el retorno del espionaje […] implica un cambio cultural y no tanto una mera estrategia, que tiene que ver mucho con la mencionada invisibilidad social.”

Esto no es sino una consecuencia de lo anteriormente expuesto. Si todo está cada vez más mediado, es cada vez más insondable, y los medios de comunicación pierden progresivamente la credibilidad porque empezamos a sospechar que hay que coger lo que nos viene de ellos con pinzas, nos encontramos desamparados en nuestra necesidad de certezas.

Y cuando los mecanismos clásicos para obtener cierta seguridad fallan se hace necesaria la intervención de un verdadero información que no rinda pleitesía a ninguna organización pequeña o grande. Cuya única misión sea cazar y entregar la verdad en un estado puro y sin manipulaciones.

Sospecho que aquí radica el éxito popular de Wikileaks frente a la violenta reacción de las instituciones públicas, dejadas al descubierto por una organización no sometida a imperios ni emperadores y que expresa, quizá mejor que ninguna otra cosa, el hastío ante el no saber más que una cosa: que todo el mundo miente.

¿Qué tienen que aprender los medios de comunicación sobre esto? ¿Será el sistema capaz de depurar y asimilar las nuevas exigencias que se les presentan? ¿Podrán los ciudadanos hacer valer aquello que desean para sí mismos? Está por ver.

 

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Sitios de interés en esta materia:

Blog de Ramiro Pinto.

Wikileaks.

CNI.

Reportaje sobre Anonymous [El País].

La colectivización de los objetivos sociales: reparto de poder

Después de una lectura distendida de todo el texto La Política de Aristóteles, creo conveniente destacar una serie de puntos que resuman en parte el tema de la sociedad y sus objetivos, así como el papel de los ciudadanos en los mismos.

Antes de nada me gustaría empezar con la idea del individuo como ser sociable y por lo tanto, dependiente de una organización social, ya sea la familia (unidad más íntima y básica a la que pertenece el individuo) o como nos interesa en este caso, el Estado: “el Estado es un hecho natural, que el hombre es un ser naturalmente sociable, y que el que vive fuera de la sociedad por organización y no por efecto del azar es, ciertamente, o un ser degradado, o un ser superior a la especie humana (…). Lo que prueba claramente la necesidad natural del Estado y su superioridad sobre el individuo es que, si no se admitiera, resultaría que puede el individuo entonces bastarse a sí mismo aislado así del todo como del resto de las partes (…). La naturaleza arrastra, pues, instintivamente a todos los hombres a la asociación política

Aristóteles, al entender al hombre como ser necesariamente vinculado a una sociedad establece, pues, la necesidad de su organización. Pero como esta parte la ha tratado mi compañero Dyango completa y correctamente, me centraré en el Estado como conjunto de intereses interrelacionados, dónde conviven tanto los estatales como los individuales, y la representación equitativa y productiva del poder a partir de esta dicotomía.

Pues bien, nuestro autor proclama: “Todo Estado es, evidentemente, una asociación, y toda asociación no se forma sino en vista de algún bien, puesto que los hombres, cualesquiera que ellos sean, nunca hacen nada sino en vista de lo que les parece ser buen ser bueno. Es claro, por tanto, que todas las asociaciones tienden a un bien de cierta especie, y que el más importante de todos los bienes debe ser el objeto de la más importante de las asociaciones, de aquella que encierra todas las demás, y a la cual se llama precisamente Estado y asociación política“. Con ello Aristóteles destaca la existencia de un objetivo, un bien supraindividual, al que todos los ciudadanos quedan sujetos.

Pero, como hemos destacado antes, este bien grupal muchas veces es difuso. Y esto se debe a que un Estado-ciudad es un complejo entramado de ciudadanos, cada uno con una visión particular de ese bien y de sus propios intereses: “Naturalmente, la ciudad es múltiple (…), no se compone sólo de cierto número de individuos, sino que se compone también de individuos específicamente diferentes, porque los elementos que la forman no son semejantes. No es como una alianza militar, la cual vale siempre en proporción del número de los miembros que se reúnen para prestarse mutuo apoyo, aun cuando la especie de los asociados fuese, por otra parte, perfectamente idéntica. Una alianza es como una balanza, en la que siempre vence el platillo que tiene más peso. (…) La unidad sólo puede resultar de elementos de diversa especie, y así la reciprocidad en la igualdad, como dije en la Moral, es la salvación de los Estados, es la relación necesaria entre los individuos libres o iguales; porque si no pueden todos obtener, a la vez, el poder, deben, por lo menos, pasar por él, sea cada año o cada cualquiera otro período, o según un sistema dado, con tal que todos, sin excepción, lleguen a ser poder (concepto de Klerotería). (…) Es justo que el poder, un honor, ya una carga, se reparta entre todos, es preciso, por lo menos, esta perpetuidad mediante el turno en el poder cedido a los iguales por los iguales (iguales entendidos como ciudadanos: hombres no esclavos), que a su vez lo recibieron antes de aquéllos. Entonces es cuando cada uno manda y obedece alternativamente como si fuese un hombre distinto, y cada vez que se obtienen los cargos públicos, se puede llevar la alternativa hasta ejercer ya uno, ya otro cargo. (…) De aquí se debe concluir que la unidad política está bien lejos de ser lo que se imagina a veces, y que lo que se nos presenta como el bien supremo del Estado es su ruina. El bien para cada cosa es precisamente lo que asegura su existencia. (…) A nuestros ojos, el bien supremo del Estado es la unión de sus miembros, porque evita toda disensión civil

Por lo tanto, hemos de destacar la visión tan novedosa que propuso Aristóteles para solucionar una realidad que tantas veces es problemática: la multiplicidad de individuos y opiniones en las sociedades complejas (multiplicidad de esferas privadas) y la implantación de un bien común a todas ellas (mediante la actuación y participación en la esfera pública; aunque en su concepción de la época sólo considere a los ciudadanos, hombres no esclavos, como personas con la virtud y razón suficiente para el gobierno de la familia y el Estado).

Política, Aristóteles

Este fragmento sacado del libro “Política” de Aristóteles en la Biblioteca virtual Cervantes, refleja cómo el hombre tiene un mundo interior. Una esfera privada en la que encontramos sus deseos, sus inquietudes, sus pensamientos, pero que se tienen que exteriorizar, es decir, sacar a la esfera pública, porque el hombre es un ser social por naturaleza y necesita de la vida social para realizarse.

[…] el hombre es por naturaleza sociable, con lo cual quiero decir que los hombres, aparte de la necesidad de auxilio mutuo, desean invenciblemente la vida social. Esto no impide que cada uno de ellos la busque movido por su utilidad particular y por el deseo de encontrar en ella la parte individual de bienestar que pueda corresponderle. Este es, ciertamente, el fin de todos en general y de cada uno en particular; pero se unen, sin embargo, aunque sea únicamente por el solo placer de vivir; y este amor a la vida es, sin duda, una de las perfecciones de la humanidad.” Este fragmento se encuentra en el Capítulo IV llamado División de los gobiernos y de las constituciones.

Escrito por: Casandra Cruz

FUENTE: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/politica–1/html/